Se llamaba Laura y estaba sola.

Había decidido dejarlo todo, su familia, sus amigos, su novio, su trabajo... Vendió su estudio en el centro de Madrid, y decidió comprarse un apartamento en la costa.

La relación que tenía con su familia no había vuelto a ser la misma desde que su hermana pequeña muriera. Iban las dos en el coche, y aunque ella no era la que conducía, se sentía culpable... se sentía culpable por haber sido ella la que sobreviviera a aquel accidente, y sin quererlo, esa culpabilidad la proyectaba a los demás. Sus padres nunca le habían dicho nada, pero ella se sentía mal, tremendamente mal cuando iba a casa y ella no estaba, así que había dejado de visitarles con la asiduidad con la que lo hacía antes. Sólo se veían en ocasiones señaladas, por cumplir, así que pensó que no lo pasarían mal con su ausencia.

Sus amigos estaban ahí, con ella, siempre lo habían estado, pero cada uno tenía su vida y ya no era como antes. Quedaban de vez en cuando, pero ella se daba cuenta de que cada vez tenía menos en común con ellos, cada vez tenía menos que contarles, así que pensó que no lo pasarían mal con su ausencia.

Con su novio todo había ido bien hasta hacía un año, pero había llegado un momento en el que todo era absolutamente previsible. Ya no había sorpresa, ni pasión... incluso lo que antes eran para ella payasadas graciosas, se habían convertido en gilipolleces absurdas que no le hacían ni pizca de gracia. Había cordialidad entre ellos, pero nada más, así que pensó que no lo pasaría mal con su ausencia.

El trabajo para ella era un puro trámite. Lo hacía porque necesitaba el dinero y punto. No entendía a la gente que se empeñaba en decir que si tuvieran mucho dinero trabajarían igualmente... mentira! no les creía, para ella no había nada mejor que dedicar su tiempo a ella misma, y sus compañeros lo sabían, así que pensó que no lo pasarían mal con su ausencia.

Un dia se marchó, sin decir adiós a nadie.

Decidió vivir el presente e intentar vivir sin preocupaciones, sin agobios, sin depender de nada ni de nadie, pero un día notó que le faltaba la respiración, se ahogaba, era la soledad que venía a matarla... y entonces se dio cuenta de que si hubiera cuidado un poco más lo que tenía, a lo mejor su vida no hubiera sido tan vulgar y la soledad no le estaría comiendo viva.