Sabía perfectamente a dónde llevaba aquella carretera... ya había estado allí más veces, pero en sus sueños siempre era de noche.

No sabía si seguir andando, el sol calentaba el asfalto, no soplaba una gota de viento y por su sien caía una gota de sudor que llegaba hasta su boca.

Se restregó la mano por la cara, intentando quitarse el sudor, pero fue inútil... había escuchado en la radio que las temperaturas subirían, pero aquello era demasiado, no recordaba haber vivido un verano así de caluroso en toda su vida.

Decidió seguir andando, al fin y al cabo, haber visto desde aquel autobús ese cartel, el que tantas veces habían visto sus ojos mientras dormía, tenía que significar algo.

El cartel decía: "no dejes de caminar", y junto a las letras una chica que guiñaba un ojo, regordeta, y con una sonrisa que dejaba ver todos sus dientes, blancos, impolutos.

Era un cartel viejo, desgastado por el tiempo, y que había provocado en él, cuando lo vio desde el autobús, un escalofrío que le recorrió la columna vértebra a vértebra.

Mientras decidía si caminar o no, la temperatura iba subiendo, y se dio cuenta de que de nada servía dudar. El autobús se había ido, y él se encontraba en medio de la nada, concretamente en el desierto de Arizona, a medio camino entre Florence y Apache Junction, no tenía agua, y el termómetro de su reloj seguía subiendo... ahora marcaba 46 grados.

Comenzó a caminar, e intentó recordar más cosas de su sueño, ese sueño que se había repetido tantas veces en los últimos meses. Pero fue inútil, sólo recordaba aquel cartel y lo que le esperaba al final de aquella carretera.

Aceleró el paso, se moría de sed, pero se notaba cada vez más fuerte... la fuerza se la daban las ganas de llegar.

47 grados y subiendo... le costaba respirar, dejó en la cuneta todo lo que le sobraba, ropas y demás, y siguió andando, completamente desnudo. Sólo llevaba sus viejas zapatillas, o mejor dicho, ellas le llevaban a él.

Cuando el termómetro casi marcaba 50 grados, cuando sus piernas comenzaban a fallar, cuando empezaba a oír en su cabeza un pitido cada vez más insoportable... entonces lo vio y comprobó que era exactamente igual que en su sueño.

A lo mejor no hay que irse hasta Arizona para ver una señal que nos haga seguir caminando...